Luna creciente. Un viento suave acariciaba las copas de los eucaliptus, mientras el arroyo se mecía tranquilamente entre sus orillas. La tribu, reunida alrededor del fuego, contaba historias milenarias de aldeas poseídas por pestes fatales, ladrones de los sueños y ánimas en pena. Los más pequeños se adormecían escuchando la voz de esa india de edad milenaria que tanto sabía de la historia del mundo, acurrucados entre los brazos de sus hermanos. Mientras, algunos preparaban la cena y otros conseguían leña para alimentar esa gran flor roja que los mantenía calientes.
Hacía unos días ya que habían llegado a ese lugar, después de un buen tiempo de andar en búsqueda de agua y alimentos. La primera en encontrarlo fue la pequeña Sabuka, una niña muy despierta y divertida que nunca bajaba de los hombros del gran Nachuk, mejor conocido como el Oso feliz. Al llegar, el chamán Greybrot no pensó dos veces: ése era el lugar indicado para quedarse. "Puedo sentirlo, aquí está el espíritu del viento, él procurará que estemos a salvo y encontremos todo lo que necesitemos, no hay nada de qué preocuparse".
Con estas palabras que quedaron sonando en el aire, la aldea plantó sus raíces en ese claro rodeado de verde, sabiendo que cada día prometería darles una nueva aventura increíble.
En ese tiempo fue que di con la aldea. Meses atrás había decidido abandonar el aburrido ritmo de la ciudad y lanzarme a una nueva vida rodeada de naturaleza, donde no hubieran relojes ni rutinas.
La verdad es que no fue fácil. Pasé frío, comí cosas que nunca pude saber qué eran, dormí en cuevas abandonadas y más de una vez escapé por poco de un animal salvaje.
Un buen día, mientras salía a mi caza matinal, divisé en la lejanía un pequeño ser que se movía extremadamente rápido. No, no, dos seres! Tres! Pensando en mi almuerzo me acerqué lentamente, y cuando estaba por echar la red sobre ellos me di cuenta que eran niños. Simplemente niños. Al verme salieron corriendo, pero al agacharme y hablarles suavemente se fueron acercando cada vez más. Finalmente logré que me condujeran al lugar donde estaba su familia, aunque obviamente que sin lograr entender una gota de su dialecto.
Era una pequeña comunidad formada por unas cuantas carpas de paja y un gran fuego encendido en el centro. Se podía ver a los niños correr entre las piernas de los adultos, quienes eran muy cariñosos con ellos. Tanto los más pequeños como los ancianos pasaban día y noche
trepados a los árboles,
encontrándose con seres que los desafiaban a correr
riesgos extraordinarios para descubrir los más grandes secretos que
habían quedado perdidos en el tiempo. Eran asombrosamente valientes. Yo, acostumbrada a la tecnología y el confort, quedé fascinada con que no hubiese una gota de luz eléctrica, ni un ruido molesto. Se percibía una energía increíblemente fuerte, linda. Había encontrado mi lugar.
Al principio la tribu fue algo hostil. Lo natural, creo. Yo era muy distinta a ellos y temían que fuera a alterar su ritmo de vida. Perp con el tiempo se fueron dando cuenta que lo único que quería era aprender lo más posible ya que eran gente absolutamente admirable, simple, feliz, y pronto logré sentirme parte de esa gran comunidad: la tribu Aguará Guazú.
Hoy, después de dos años de vivir así, me resulta imposible imaginar la vida de otra manera.
jueves, 27 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
amo
Escuchar jazz tomando té con limón mientras llueve
Bailar swing descalza
Pintar
Jugar a la escondida
Cantar temazos en fogones
El silencio absoluto
La playa en invierno
Las medias de cocho
Los niños con pecas
El nosequé que me viene cuando me mirás
y tus abrazos
y que hables
y te calles
y que te rías
y que existas
El naranja y el azul
El rojo
Todos los colores
Las fiestas donde pasan la música que me gusta
Andar en bicicleta
Lagartear al sol
El helado de vainilla
Mis amigas
La luna, especialmente cuando sale
Los pingüinos y los osos
Ir a acampar
Conocer gente linda
Equivocarme y aprender
Estar viva.
martes, 11 de septiembre de 2012
morrón y cuenta nueva
Ella estaba así.
Solían llamarlo "vacío interior",
la cuestión es que ya podía verse a traves de sí...
en esos momentos en que la vida va a transformarse para siempre y nunca más volverá a ser como era antes.
Le gustó.
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