jueves, 29 de marzo de 2012

La horripilante historia del temible espíritu endemoniado del diablo.

Situémonos: película de terror hollywoodense. Las imágenes un poco azuladas, cosa de darle frialdad al asunto. Protagonistas: la parejita feliz, rubia (aparentemente intelectual) con un cuerpo despampanante y brushing 24/7. Él, morochazo con terribles ojos, aunque boludo al extremo.
Arranca la peli, todo tranquilo, quizá demasiado. La vida de ambos transcurre en una casa que acaban de comprar, GIGANTE, aunque ella quiere ser escritora y él trabaja sacando fotos para revistuchas de cuarta. Obviamente que la casa antes había sido un típico lugar de reunión de indios medio satánicos pero ellos son unos salados que no escuchan a nadie... Y se van a vivir lo más tranquis.
Al pasar el tiempo empiezan a pasar cosas raaaras... Los muebles se mueven solos... Hay ruidos de noche... Increíble la capacidad de audición de los muchachos, porque parece que escuchan abrirse un cajón de la cocina desde el cuarto (que está en el tercer piso). 
Y así va aumentando el nivel de cagazo de la pareja hasta que el anteriormente mencionado espíritu del indiosatánicoloco se materializa y se les aparece toditas las noches. 

Ahora bien... Yendo al asunto que me inquieta en todo esto...
¿Qué harán los espíritus de las películas de terror cuando no están atomizando al protagonista?
Digo, todos somos conscientes de que el fantasmita no está tooodo el día arriba de los tipos, les deja espacios en los que van y consultan a los exorcistas y todo ese tipo de cosas... Pero, ¿qué hacen ahí?
¿Tendrán algún lugar de esparcimiento fantasmal? Me lo imagino como un bar medio grisáceo con cosas flotando por ahí, armándose las clásicas rondas de cuentos de cosas horribles que le hicieron a la gente para asustarla en sus "buenos tiempos" . 
O sino, ¿tendrán momentos de planeamiento de lo que van a hacer después? Veo al fantasma ahí, con un mapita de la casa y haciendo comentarios como "pah, ese baño está mortal pa' saltar de atrás de la cortina", "noo, eso está re quemado, se te cagan de risa en la cara... Mejor aparecete entre las sábanas, nunca falla". 

Es todo un tema, para pensar. No te comas la pastilla, usá tu imaginación y la próxima vez que mires una película de éstas, pensala con esta mentalidad. No te vas a arrepentir.

viernes, 23 de marzo de 2012

Vacaciones!

 



¿Que si es mía?  
Psss, valor, obviamente, ¿de qué me viste cara?
Pasá nomás... Tengo un poco desordenado, pero bueh, viste como es la vida de soltera...

jueves, 15 de marzo de 2012

La creatividad estaba sentada al borde del pequeño muelle, meditabunda. De pronto, un ser pequeñito se le acercó con curiosidad.
- ¡Hola, Carola! ¿Quién sos tú? ¿Por qué no sonreís?
La señora lo miró, un tanto desanimada.
- Solía ser la creatividad, pero últimamente no estoy tan segura de ello. Es que me quedé en blanco... Hace meses ya que me olvidé de cómo crear. Pienso y pienso pero sólo me surgen ideas repetidas, obvias, tontas- suspiró - y eso me pone de mal humor, así que podés irte yendo.
- ¡Ja-ja-jay! ¡Pero tú estás loquilla! A todos nos pasa eso, hermanilla.
- ¡Pero a mí no! Soy la fuente de todas las ideas, del progreso, de la vida...- se agarró la cabeza con desesperación.

De repente, un gorrión dorado como el sol bajó de un arbusto con aleteos mínimos. Dio un par de saltitos entre las hojas, frente a los conversadores. Movió su cabeza hacia ambos lados, y echó a volar.
El pequeño ser abrió los ojos como platos.


-¿Y si inventás la libertad?-

viernes, 2 de marzo de 2012

Amore inventato!

Luisa sonrió y volvió a mirar por el ojo de buey que daba a los canales del sur del pueblo. Venecia estaba más linda que de costumbre, incluso pese a la fuerte lluvia que resonaba en el techo metálico de los vaporettos. El cielo se iluminó con un relámpago, y el restruendo que le siguió hizo respingar a la pequeña Michelle. Abrió los ojos, que se asemejaban a dos enormes piedras de jade, y luego de cerciorarse de que todo estaba en su sitio, volvió a concentrarse en sus óleo-pasteles. 

Allá afuera, en la azotea de la casa verde vecina, estaba sentado un hombre con su violín. Bernardo no dejaba pasar un día sin dedicarle a la luna su melodía más hechizante; inclusive había veces en que, en medio de la madrugada, volvía a salir para repetirle alguna canción que no había sonado del todo bien, o tocarle alguna que acababa de escuchar en sueños. 
Y ese día, al igual que todos los anteriores, Luisa lo observaba atentamente, sin dejar escapar ni una nota de sus oídos. Bernardo chorreaba agua, pero su violín se mantenía flamante bajo su paraguas. 
Ya habían transcurrido unos minutos desde que las finas notas habían comenzado a sonar, cuando de repente el muchacho la vio. Casi accidental, casi una mirada como cualquiera, pero fue diferente. 

Ella se agazapó al instante, adquiriendo el típico color rojizo de la vergüenza, mientras que la niña se entretenía más pintando en la pared que en las aburridas hojas de papel. 
Al instante, sonó el timbre. 

Pánico. 

Luego de tardar lo suficiente como para dar tiempo al visitante de arrepentirse, la chica giró la llave de la puerta de calle. Un ser empapado de pies a cabeza intentando cubrir su instrumento de la lluvia le sonrió.

-¿Puedo pasar a tocar aquí? A veces me siento solo tocándole a la luna. Es hermosa, pero un poco antipática...-