viernes, 23 de agosto de 2013

Don't forget to play!

La lúdica es un estado del alma en el cual la persona se siente predispuesta a jugar, descubrir, sorprenderse y crecer. El impulso lúdico está presente a lo largo de toda la vida humana, sin desaparecer siquiera un segundo. Aparece en el golpeteo de un lápiz contra la mesa, cuando caminamos sin pisar las líneas de las baldosas, cuando cantamos frente al espejo o le pegamos un pegotín en la espalda a un amigo. 
Siempre está, siempre vivo. El hombre necesita jugar, tanto como comer, dormir o respirar. 
En los momentos más críticos de la historia, cuando el hombre se vio forzado a trabajar de forma mecanizada, funcionando como una simple pieza sin vida, el juego se vio relegado a una actividad sin sentido y sumamente inútil. Improductiva, mejor dicho. 
Pero este mismo hombre, alienado y perdido, y sin saber bien por qué, tuvo la imperiosa necesidad de acabar con esa situación. No sólo por cansancio ni aburrimiento, sino porque su cuerpo y su mente le pedían algo más allá del bienestar físico. Le pedían jugar.
Hoy en día el juego está visto como algo asociado con la niñez, con el infantilismo y la inmadurez, y la "seriedad" no lo admite como parte de su disposición. Sin embargo todo ser humano juega, lo único que cambia a lo largo de los años son los juguetes que utiliza. Renegar del juego como parte esencial de la condición humana es una clara señal de desconocimiento propio. 
El juego crea y re-crea espacios, formas, aspectos de la personalidad. Distiende, libera del aburrimiento, permite canalizar energías negativas de forma positiva, ensaya aspectos de la realidad de forma laxa, crea ciudadanía. Divierte, enseña, ayuda a socializar, renueva, descansa la mente y el alma. 
Nunca hay que olvidarse de jugar. Jugar es existir de forma plena. Y hace bien.