miércoles, 19 de marzo de 2014

Yo creo que todas las personas andamos por el mundo cargando con nosotros una especie de nube invisible donde llevamos toda nuestra esencia. Podría llamársele "aura", "alma"o "energía", por ejemplo, pero más allá de su nombre lo importante para mí es que es esa parte de uno que no puede verse con los ojos (citando al Principito).

Y a su vez también creo que en cada lugar en donde estamos vamos dejando un poquito de esa nube. 
Dependiendo de la vivencia y lo que ese lugar nos hizo sentir, el color puede ir variando... 

Los colores suaves y claros refieren a esos lugares donde se pasó levemente, sin demasiada trasendecia, y las nubes quedan en forma de hilos bien finitos. 

Aquellos donde quizá no tuvimos una buena experiencia se llenan de nubes negras, de ésas que auguran tormentas terribles... Y hasta podría decirse que al volver esas tormentas se desatan y pueden tener muy malas consecuencias.

Pero esos lugares donde uno es feliz, donde se viven los momentos más lindos de la vida, allá donde se pierde la noción del tiempo y cuesta sacarse la sonrisa, en ésos es donde las nubes toman colores intensos y vibrantes, inundando los recuerdos y alegrando las nostalgias... 

A ésos, es adonde uno nunca tendría que olvidarse de volver...