Pero después de exprimir mi cerebro durante algunas horas (a veces días enteros), termino llegando siempre a la misma conclusión. La vida es tan injusta y tramposa que si bien no nos permite ser completamente felices, tampoco nos permite ser enteramente desgraciados como para poder quejarnos con total libertad.
Como bien dijo Woody Allen, "hasta un reloj parado acierta dos veces al día".


