Yo era tan sólo una pulguita mínima en el mundo.
Un ser tan insignificante que ni siquiera recordaba mi propio nombre. Nadie sabía de mi existencia.
La gente caminaba junto a mí, nadie se percató jamás que había algo a su lado que intentaba que escuchen sus mínimas advertencias.
Sabía que al crecer iba a ser mortal. Temía por mí. Pero los demás no parecían alarmados.
Alguna vez logré hacer tropezar a algún niño, tienen piernas cortas pero ojos grandes. Y me vieron. Se asustaron, lloraron, y hasta hicieron detener el apurado viaje de sus padres para verme.
Sin embargo, éstos sólo sabían resoplar, mirar sus grandes relojes y retomar su camino.
Hoy, soy la perdición de todo ser. Me meto en los zapatos de cada abogada y en el sombrero de cada ejecutivo, volviéndome insoportable.
Sí señor! Permítanme presentarme:
Soy la queridísima rutina :)

Lo único que te puedo decir es que la detesto! La verdad hasta el final no supe de lo que estabas hablando... Luego de lo que lo lei otra vez le encontré el sentido. Bien hecho!
ResponderEliminarSaludos, Tincho
si que nos causa disgustos la rutina, y a la vez a veces no sabemos para donde salir corriendo cuando nos falta...
ResponderEliminarme gusto tu blog muchacha, te sigo!