-A ver, a ver niños. Se ponen por acá...
-¡Maestra! ¿Me puedo sentar en el piso? Porque tengo la túnica manchada acá, y si mamá ve semejante cosa en la foto me mata...
-No, Martín. Sos muy bajito. Te toca acá. (Lo coloca contra la izquierda, de pie).
-¡Maestra, maestra! ¿Me puedo cambiar para al lado de Pía? Así salimos juntas...
-Quedate en tu lugar, Florencia. Si te puse ahí es por algo.
-Ahhh, pero...
-Nada. (Dirigiéndose al fotógrafo) A ver, fijate si entran ahí.
-Entran, sí. (Dudando) Eh... ¿Qué pasó con la chiquilina? ¿Por qué no se puede cambiar de lugar? Digo, ta', en realidad no afecta en nada a la foto... Supongo...
-¡Bah! Es que ésas dos se pasan todo el día juntas. Tienen que aprender a despegarse un poco. Además, si las cambio a ellas, tendría que cambiar y dejar a todos como quieran. Y sería un desastre.
- ... (Piensa) ¿Desastre?
-¡Pablo! ¡Abrochate la túnica! ¿Qué dijimos? (Da un resoplido). Sentate acá, a ver. Quedate quieto dos minutos, ¿puede ser?
- Pero quiero que se vea la remera de Peñarol que me regaló mi papá...
- Pero nada. Esteban, a ver, fijate si sale ahí.
- Va... (Cuando está por apretar el obturador)
- ¡Pará, pará! ¿Qué es esa cara, Romina? ¿Con los ojos cerrados vas a salir?
- Es mi cara de contenta, maestra. La abuela me dijo que la pusiera para la foto que quedaba lindísima...
- (Mira a otros alumnos) ¿Y ustedes? No pueden salir abrazados, chiquilines. A ver segundo, somos grandes. Déjense de tanta pavada que para eso está jardinera, ¿o no?
- (Todos) Sí, maestra...
Así, todos pusieron su mejor cara de serios y miraron a la cámara. Romina abrió los ojos bien grandes, por si el flash la llegaba a encandilar. Pablo se abrochó los botones, deseando que pudiera verse algún colorcito negro sobresaliendo del cuello. Martín intentó, en vano, tapar con la mano la mancha azul oscuro de su bolsillo. Pía lamentó no poder salir al lado de su amiga, la cual años más tarde iba a seguir siéndolo, tan incondicional como siempre.
¡Basta!
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