Toda inmensidad no es tan inmensa como la sensación de hacer lo que uno quiere. Esa libertad, tan dulce y reconfortante de sentirse a pleno día a día, orgullosos de haber elegido lo que elegimos, no se compara absolutamente con nada... Cuesta animarse, cuesta hacer oídos sordos y sacar a los prejuicios a escobazos de nuestra cabeza; cuesta defendernos y aún más puede costarnos avanzar sin dudar si lo que elegimos era lo que estaba bien. Pero ¡qué difícil!, si dentro de un tiempo nos tuviéramos que arrepentir de lo que no hicimos, si tuviéramos que asumir que podría haber estado mejor pero bueno, había que sentar cabeza y hacer lo que es "correcto" para algunos.
Por eso, es que sólo el que hace lo que quiere se podrá encontrar de casualidad reflejado en el espejo con una sonrisota puesta, una de esas espontáneas, lindas, sinceras, ¡auténticas!
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