domingo, 6 de mayo de 2012

Grrrr...

Cuando no hay luna y la noche es más negra que nunca, los ojos de los gatos brillan en la oscuridad como focos poderosísimos. Salen a cazar algún animalillo descuidado que olvidó que, después que cae el sol, los techos son una zona letal para andar de paseo.
Se siente el ruido de metales golpeando contra la calle. De algún basurero se escapó un perro que buscaba la cena de todos los días, asustado por los gritos provenientes de la fauna desquiciada de la ciudad. 
Los borrachos, almas diluidas en alcohol, zigzaguean buscando refugio de los pocos focos que aniquilan sus pupilas, enormes como platos. Alguna vez tuvieron una vida, ya no la recuerdan, no recuerdan la pena que los hizo intentar ahogarla en las botellas. Patean pedazos de cartón que olvidaron otros seres como ellos, seres sin tiempo ni calendario, fugitivos del sol quemante. 
Ellas se pasean de una esquina a otra. Ya hace tiempo no sienten el frío paralizante. Cumplen deseos, son como oscuros genios de la lámpara que no le temen a nada ni a nadie. Panteras poderosas, fieras temerarias a las que sólo un verdadero desquiciado se atrevería a sobreestimar. 


Y la noche recién empieza...

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