
-Las películas…- dijo él.
Ya me estaba cansando con ese tono superior, como si viese algo que yo no veía en ellas.
-Sí, son películas. ¿Qué hay con ellas?-
-Hum...
Me miró de pies a cabeza.
- No lo entenderías.
Dicho esto, dio otra pitada a su habano importado. Sonrió despectivamente y soltó el humo en una espesa nube, siendo consciente de que a mí me hervía la sangre cuando tenía actitudes como ésas.
Se me nubló la vista, entre el humo gris que ascendía al techo, y el odio que recorría mi cuerpo en ese preciso momento.
Tomé el jarrón chino que nos había regalado la tía Isabella y lo hice aterrizar en su cabeza.
Michael perdió el conocimiento, cayendo sobre la alfombra persa.
-Ja, con que no lo entiendo, ¿no?- Reí- Ya veremos...
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