sábado, 16 de abril de 2011

RinRáj.

Vuelos, pasos, visitas al borde del planisferio. ¡Hay tantas rendijas que dejan ver el mar! 
Camino con un ritmo propio de occidente. Entusiasta y decidida. 
Pero algo pasa. 
Una vez más, me miro y me encuentro con los zapatos anclados al empedrado de aquella esquina donde por última vez te intenté saludar. Pero, arrastrando cordones de memorias y algodón, dejo atrás las macetas llenas de nomeolvides que cubren los balconcitos. Y todavía se siente el olor a incienso de jazmín.
Mi mano se aleja entre renglones no tan rectos. Y me alejo.
Veo personas peleando eternamente, dando miles de soluciones para algo que de a poco deja de ser un problema. 
Estrofas. Mentiras. Llantos. 
Y pascualinas que duermen en el horno mientras otros prefieren prender fuego las ideas ajenas.
Y tardes de anchas calles y angosta soledad.
Sigo el viaje. Mirando por el espejo retrovisor veo a varios niños que salen en televisión. 
Un mundo sordo y con poca decisión aplaude mientras las cabecitas se van moldeando y reinventando.
Los artistas en formación saben exactamente cómo malabarear con las ideas para formar pequeños exitosos.
Ya dejé de suspirar. Hace tiempo.
Que las cosas sigan.

lunes, 11 de abril de 2011

Es cuestión de cambiar hábitos…
No resultaría tan difícil si una estuviera más centrada.
De repente se te escapan las cosas y las razones de las cosas.
Porque vos querés y no sale...
Hasta que sale, y ya está. 
Ya salió.
Y seguís… Como una hormiguita contenta con ser una hormiguita.
Te acomodás en la "realidad", que es súper acogedora. No te pide mucho: sólo seguir la línea, la 
de las hormigas. 
Las hormigas voladoras ya son algo raro de ver -ni hablar de mosquitos y esos bichos que ya 
nacen con alas-.
Sin embargo, el sacrificio de llegar a mariposa es un mezclaje, porque para llegar primero hay 
que ser oruga. 
Y de verdad, ¿quién quiere ser oruga si no está seguro que después  va a ser mariposa? Pocos.
Ahora… 
Cuando te pegás un atenazo de electricidad con otra hormiga, está bueno, por lo menos levantás la
cabeza.
Sacás la vista de la línea de hormigas. 
Y si no la bajas rápido capaz que hasta ves el cielo y fuiste, ya querés ser pájaro al día siguiente.
Puede que hayan varios caminos de hormiga, uno arriba del otro; o capaz hasta los pájaros siguen 
una línea recta... 
Capaz que ellos ven algo más por ahí…
Capaz quieren ser hormigas... 
Es tan fácil conformarse, pero es muy difícil también, porque no te da la energía y el “condimento 
diario” que te da
la adrenalina del cambio.

Me tendré que dejar morder mucho por el bichito de la vida para despertarme y darme cuenta? 
¿Dejará marcas? 
Seguramente. Siempre deja marcas.  
Estas cosas no son fáciles.

Pero sinceramente,
¿Qué sentido tendría todo si lo fueran?

miércoles, 6 de abril de 2011

Sí, ésta.

Así es. Hoy estaba agotada, y mientras arrastraba los pies caminando hacia mi casa, decidí: "Hoy voy a dormir una buena siesta."
¡Genial! Parecía simple, digo, todo el mundo duerme siestas. Es lo normal. 
Así es que tomé un libro y me dije: ¡a dormir se ha dicho!

Al cabo de la página nº 53 , sospeché que no iba a ser tán fácil. No tengo costumbre de dormir en la tarde, pero ¿qué tan difícil podría ser? ¡Estaba desesperándome!
Así que decidí dejar el libro y disponerme a la no-tan-placentera forma de dormirse: forzando al sueño. Cerrar los ojos y autoconvencerme de que tenía tanto sueño que una vez que me durmiera iba a seguir de largo hasta el próximo mundial.

Logré dormirme. ¡Y cómo! Creo que soñé hasta con el perro del vagabundo que ví por la ventana del 526 que estaba echado en la parada del Tres Cruces hace 3 años. Y lo que es peor: "semi-soñé". 
Cuando digo "semi-soñar" me refiero a esos sueños que parecen realidad, cuando soñamos que nos dijeron algo o que pasó algo (o que no pasó) y al despertar la realidad se vuelve absolutamente confusa; y andamos como desesperados preguntándole a nuestros hermanos si fueron ellos los que nos vinieron a ofrecer gelatina mientras tocaban la pandereta.

Al fin y al cabo, creo que el ejercicio mental que hice en la siesta requiere otra siesta para recuperar todas las neuronas quemadas en comprender tanto fenómeno nuevo.

¡Y pensar que la gente sigue ritmos de siestas diarias! Hay que estar preparado.