-Hola.
-Hola.
-¿Cómo estás?
-Bien, yo que sé. Podría estar mejor.
-¿Por qué?
-No sé, pero siempre podés estar un poco mejor. Supongo que eso me hace sentirme infeliz con la poca felicidad que tengo, y respondo eso.
-Ah, pero en realidad no es tan así. Viste lo que dicen de ver el vaso medio vacío, y todo eso...
-Sí, ya sé, tenés razón. En realidad no está tan mal. Estoy bien.
-Aunque pensándolo mejor yo no sé si estoy bien también.
-Pero yo no te pregunté...
-De todas maneras me lo pregunté a mí misma. ¿Siempre tenés que hacer ese tipo de comentarios?
-Bueno, perdón. ¿Cómo estás?
-Bien, qué se yo.
-Ah, me alegro.
-¿En serio te alegrás? No mientas.
-Bueno, no. No me alegra, no sé. Tampoco me entristece.
-¿Si te entristeciera yo debería entristecerme por haberte entristecido?
-No estoy triste.
-Ahhhh...
-Pará.
-¿Qué?
-¿A qué piso ibas?
-Al 6.
-Ah, ahí va. Buenos días, qué tal.
-Buenos. Un poco calurosos, pero bué.
-Sí, seguro... (se abre la puerta) En fin, un placer haber compartido este ascensor con usted.
-Msé...


