Mi gata Clara, cada día más flaca y celosa, me miraba como siempre. Fijo. El reloj volvía a marcar las ocho y media de la mañana.
No sabía muy bien qué hacer. Indecisa como siempre. ¡Estoy cansada de ser indecisa!
¿Voy al cine o me quedo tejiendo?...Pero…sola ir al cine...pero tejer sola... ¿Qué tejo?...
Me paré. Puro impulso. Me acerqué a mi ventanita, la única ventanita de mi casa. Lo único que me gustaba de ella era que sus rejas eran verdes, creo que fui a ver cómo estaba el día...en una de esas me decidía...
Y las vi. Eran de colores, regordetas, finas, lindas. ¡Me estaban mirando!,¡Estaban en mi ventana!, me miraban altivas pero amistosas.
Las podía atravesar, podía ver todo el barrio de San Telmo a través de ellas. ¡Sus vestidos! ¡Sus aires de colores!
Una de ellas me preguntó: ¿Venís o te quedás?

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