Se terminaba el año. Un grupo de personas extrañas que creía conocer caminaban junto a mí por la playa. La playa que obviamente, conocía. Aunque no era la misma de siempre.
El cielo estaba nublado, la atmósfera se respiraba extraña. Podría jurar que algo no era normal, aunque la normalidad con la que hablaban todos se contraponía a esto. Entendí que era un día más, en el lugar de siempre, con la gente de siempre. Sonreí y tomé por el brazo a uno de mis amigos.
De repente un fuerte viento comenzó a levantar la arena. Las olas protestaban con firmeza contra la orilla, y pronto todos corrieron alejándose de la misma. Hice lo mismo, por mero instinto, sin soltarme de mi fiel acompañante.
Volteé a ver qué había pasado, y en un abrir y cerrar de ojos un montón de haces de luz fluorescentes chocaron contra la arena. Haces inmensos, majestuosos, volátiles.
El pánico había sucumbido a todos mis acompañantes, quienes sin mirar atrás se alejaron a gran velocidad dando tropezones por las dunas. Pero nosotros seguíamos ahí.
- No me sueltes bajo ningún concepto, ¿ta?-
Y, cerrando los ojos, corrimos hacia ese montón de magia, sin pensarlo.
No pude darme cuenta exactamente en qué momento fue, pero una fuerza extraña me levantó del suelo y me arrastró hacia lo profundo de esa extrañeza. Aún podía sentir el brazo que me tomaba con firmeza, aunque no podía asegurar si eso me daba más o menos seguridad.
Me dejé llevar por esa fuerza extraña que me sacudía, sintiéndome adentro de una especie de licuadora gigante. "¿Terminará algún día?", me pregunté.
Abrí los ojos. Y estaba en tierra nuevamente. Nada había sucedido. O por lo menos nadie pudo recordarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario