Ante todo este entrevero de frustraciones, les voy a contar un razonamiento muy lindo que hace mi mamá con estas cuestiones:
Pensá en tu bebida preferida. Supongamos, la Coca Cola.
¿Qué es lo que más te gusta de la coca? ¿Su sabor? ¿La efervescencia? ¿La frescura? Va por ahí, cierto?
Bien. Y cuando terminás de tomarla, ¿guardás el envase de recuerdo? no, cierto? Lo tirás... Porque lo que importa es el contenido, la botella sólo sirve para conservarlo.
Bueno, con las personas es igual. Hay que pensar que cuando alguien se va, toda la "coca" que tenía para ofrecerte te la tomaste. Capaz que ese envase ya estaba medio viejito y su vida útil llegó a su fin, pero ese líquido tan gustoso ya es parte de vos, sea en un rollito de la panza o donde sea.
Simple, conciso. Y sumamente cierto.



