lunes, 19 de noviembre de 2012

salí a jugar!


A veces la vida nos regala un poco de polvo de hadas.
Como todo el mundo sabe, para que eso pase hay que creer en ellas.

Entonces, alguna tardecita de calor, con luna menguante por lo general, uno empieza a sentir las alas en la espalda tirando hacia arriba, queriendo llevarlo lejos, y resulta increíble que tanta energía entre en un solo cuerpo, que se pueda saltar tan alto y que caerse no duela tanto como parecía.
 
Y si a uno se le ocurre asomarse por la ventana en ese momento podrá ver unas lucecitas moviéndose a toda velocidad por el cielo, y no serán estrellas fugaces ni aviones. Son las tantas personas que como a uno les tocó ser niños perdidos, y salieron despedidos por esa fuerza indescriptible rumbo al mundo de nunca jamás.

Así que si en ese preciso instante su cuerpo se siente atraído involuntariamente hacia el cielo, no intenten evitarlo agarrándose de sus balcones o ventanas, déjenlo ir y disfruten del viaje!

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